miércoles, 13 de mayo de 2015

La mano izquierda de la oscuridad

Esta historia fue publicada por Ursula K. Le Guin en 1969, y no ha envejecido. Se lee perfectamente hoy, cuando incluso podemos sumarle perspectivas y significados más profundos.

El planeta se llama Gueden, y es donde llega Genly Ai, representante del Ekumen, o la federación galáctica de mundos. Mientras algunos de sus compañeros están en órbita, esperando para relevarlo, Genly intenta convencer a sus dos principales países, Karhide y Orgoreyn, para unirse a la Federación: los beneficios económicos y tecnológicos serían enormes.



Lo interesante es que en Invierno (como llaman a Gueden en el Ekumen), los seres humanos son diferentes, quizás por las condiciones extremas de un planeta congelado. No son hombres ni mujeres, sólo entran en una especie de celo, o kémmer, en un momento del mes, que es cuando deben encontrar un kemmerante para el acto sexual. De hecho, existen casa del kémmer para facilitar el encuentro.
Cuando se juntan dos personas en kémmer, su rol se define en ese momento, lo que implica que sus cuerpos se adaptan naturalmente. Es impresionante -y algo larga- la descripción que hace Le Guin del ciclo del kémmer, pero más que interesante.
En caso de producirse un embarazo, la persona inseminada lo cursará y tendrá desarrolladas sus partes biológicas femeninas hasta unos meses después del nacimiento. Respecto a los hijos, en el caso de la realeza, tienen más derechos los que la persona ha tenido en su vientre, que aquellos de los que ha sido padre.

Shiva Shakti

Lo importante en realidad es el retrato, a través de los ojos de Genly Ai, de una sociedad donde los humanos son la mayor parte del tiempo neutros. Las personas no se obligan a tomar las actitudes que definimos como masculinas o femeninas en base a una de sus características biológica, y eso (como lectores) nos permite ver cuán arbitrarias son. Los Guedenianos pueden llorar, competir, sensibilizarse, pelearse, conspirar, enamorarse y/o entrar en kémmer y reproducirse con cualquiera. Muchas instancias de dominación de lo masculino sobre lo femenino que vemos impuestas culturalmente en nuestra sociedad, no existen en Gueden, aunque tienen sus mandatos y tabúes, como el shifgredor de Karhide.

En ese mundo, Genly Ai es considerado un pervertido, en constante kémmer, y también un peligroso enviado de otros mundos. El enviado desconfía principalmente de las intenciones de Estraven, el Primer Ministro, que termina siendo exiliado y acusado de traición por el loco y paranoico Rey de Karhide.

Pronto, Genly descubre que la paranoia y el miedo del Rey están poniendo en peligro su misión, y alejan a Gueden de la posibilidad de formar parte del Ekumen. No pasa mucho tiempo hasta que Genly se va hasta Orgoreyn. Sin embargo, y por confiar en el gobierno de Orgoreyn e ignorar las advertencias de Estraven, termina preso, drogado y forzado a trabajar en condiciones infrahumanas en un rincón alejado e inhóspito del país. 

Ya cerca de la muerte, es grande la sorpresa de Genly cuando el que viene a rescatarlo es aquel de quién más desconfía: Estraven. Mientras escapan a través de la nieve, el frío y las montañas, la amistad y la lealtad de ambos crece y se pone a prueba. Un Genly educado bajo la cultura masculinizante y competitiva no comprende la neutralidad  y paciencia de Estraven para enfrentar al hielo, mientras noche a noche van confesándose sus miedos y se cuentan anécdotas. Hay capítulos narrados por Genly, y otros por Estraven, lo que nos permite conocer sus diferentes perspectivas y emociones, y observar a cada personaje con los ojos del otro.

Una de las cosas que deberán afrontar es el kémmer de Estraven, cuando tal vez la amistad podría dar paso a algo más.
Creo que en este punto es donde Le Guin podría haberse jugado un poco más. Aunque esta historia es acerca de la lealtad y la amistad, en medio de un gran conflicto político, frente a un cambio resistido por muchos pero ansiado por los protagonistas: la integración de Gueden al Ekumen.

Es destacable el mundo imaginado por Le Guin: la ropa, las ciudades, las costumbres, la religión y sus ritos, con una fuerte influencia orientalista, más cercano a la unicidad y no a los binomios masculino/femenino, blanco/negro, bien/mal que se han naturalizado y a los que estamos acostumbrados.

Se los recomiendo.

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