jueves, 14 de mayo de 2015

El Final de Glee (y una apreciación general de la serie)

Glee terminó. Y lo hizo bien. Después de dos buenos primeros capítulos, alguno destacable en medio, y después de torturarnos con The Rise and Fall of Sue Sylvester, la última temporada se despidió con un capítulo doble (2009 y Dreams Come True) que nos dio el sabor de las primeras temporadas para luego cerrar todas las historias con un final feliz.


La serie fue novedosa al insertar cuadros musicales en una trama de adolescentes en un coro y por sus personajes diversos, frikis y excluidos sociales: perdedores en serio, no esperando a que les saquen los lentes y los peinen bien para volverse populares (aunque algo de eso había por momentos), sino abrazando y apropiándose de su estigma y luchando por la legitimación. Pero eso también fue disolviéndose con la repetición de tramas, los lugares comunes y el exceso del humor bizarro.

En mi opinión The Rise and Fall of Sue Sylvester contenía todos los elementos que llevaron a la serie al fracaso. Porque, de hecho, la historia trataba sobre los personajes del club Glee con los que nos encariñamos durante tantos años, y sus vidas dentro, fuera y más allá de ese coro. Rachel, Kurt, Finn, Mercedes, Sam, Brittana, Blaine, Tina y tantos otros, buscando alcanzar sus sueños. Sue estaba bien como antagonista, pero cada vez que se le daba más cámara a ella que a los demás, cuando se convertía en el centro de la historia y quienes escribían se olvidaban que muchos estábamos por los chicos de New Directions, el programa hacía agua. No es por desmerecer a Jane Lynch, una excelente comediante. Pero quemaron a su personaje. Súmenle el exceso de humor bizarro y el cagarse en la continuidad para hacer chistes fáciles y tramas delirantes.

Si tengo que elegir un episodio de toda la serie, es Never Been Kissed. Me parece remarcable no sólo por retratar el bullying sino por el crecimiento de los personajes: aparece Blaine, que se ve reflejado en Kurt y es como su mentor; Kurt, que decide dejar de huir, cuestionar el acoso y enfrentar a su bully; y la vuelta de tuerca: la revelación de la homosexualidad oculta de Karofsky, el acosador principal de Kurt, en un beso robado que nace de la desesperación, el miedo y la atracción irresistible que siente por Porcelain.
Max Adler siempre daba lo mejor de sí mismo en cada escena, y eso lo hacía resaltar a él y a los demás actores.

Me encantaban las escenas entre Kurt y su padre: cuando tienen LA charla sobre sexo (y Burt le alcanza a su hijo folletos con "la mecánica" de su sexualidad), sus consejos sobre el matrimonio antes de ir a la propuesta de casamiento "sorpresa" de Blaine, la conversación que tienen antes que Kurt se vaya a Nueva York. Una relación que quizás muchos gays quisiéramos tener con nuestros padres.




A diferencia de lo que le pasó a la mayoría de los Gleeks, me gustó mucho cuando los personajes terminaron el secundario y se fueron a Nueva York. No daba terminar la serie ahí porque estábamos enganchados con la historia, y ¿quién nunca quiso saber cómo seguía la vida de sus personajes favoritos? Más si van en busca de sus sueños y están llenos de obstáculos para alcanzarlos. Como cuando Rachel se enfrenta a Cassandra, Finn no entra a la universidad y se siente perdido, y Kurt no entra a NYADA pero se muda a Nueva York. También Santana, que deja la universidad de porristas y se va a la Gran Manzana para encontrar su lugar en el mundo.



El problema de esa temporada no fue dividirla entre Ohio y Nueva York. Fueron los nuevos personajes. Unique y Kitty estaban bien (clichés en algunos aspectos, aunque divertidos). Pero reeditar el típico triángulo amoroso con Marley-Rider-ComoSeLlamara, para después sumarle otra porrista mala que cantó media estrofa, ya no servía. La performance de Ghost fue lo peor: el lugar común más grande del mundo. El club Glee se volvió aburrido, porque si bien mantuvieron algunos personajes originales en Ohio, los elegidos para renovar el club no les llegaban a los talones a los que egresaron. Todo bien con los actores, en especial con Melissa Benoist, que hacía lo mejor que podía, el problema eran los guiones y argumentos.

La trama de Nueva York me pareció atractiva, por el desafío que implicaba empezar a estudiar en NYADA (Rachel), instalarse en la Gran Manzana e intentar de nuevo el ingreso (Kurt), y buscar un nuevo destino (Santana). Cuando se terminaron de trasladar a Nueva York, y se olvidaron de Ohio, para mí fue la gloria: pudimos ver a los personajes crecer y adentrarse en una nueva etapa de la vida. Sam con el modelaje, Mercedes en su carrera como cantante, los chicos trabajando en el café y estudiando a la vez, yendo a castings, con todos los conflictos y competencias que se generaban entre ellos. Pienso en Santana y Rachel cuando la morena se vuelve su understudy en Funny Girl, y en Kurt y Rachel cuando el ataque de divismo de Berry hace que Hummel la rete a un duelo diva-off en NYADA.

Hubo capítulos increíbles, como The Breakup, que nos rompió el corazón a todos, pero que reflejaba cosas que pasan en la vida; es muy difícil seguir con la misma persona cuando tu vida cambia por completo, pasás a otra etapa, y además, te vas lejos. Ponía a los personajes en un nuevo lugar, planteándoles otros desafíos.
También capítulos pésimos como The Spanish Teacher, donde ni siquiera pudimos ver a Kurt enamorado de Ricky Martin, como prometieron, y todo era malo, malo, malo. La selección musical, la trama, el comportamiento de los personajes, todo estereotipado y básico. No les costaba nada pagarle a gente que supiera para escribirlo bien y seleccionar canciones que pudieran representar la música en español. Podrían haber elegido desde Carlos Gardel, pasando por Julio o Enrique Iglesias y Gloria Estefan hasta Thalia, Jennifer López, el mismo Ricky Martin y Shakira. Pero en vez de eso, decidieron poner el primer playlist que se le ocurrió a un yanki sin conocimiento básico de música latina.

El episodio homenaje The Power of Madonna estuvo bueno, y Brittany/Britney fue divertido, aunque casi monopolizado por Brittany, cosa que termina de suceder en el pseudo-aceptable Britney 2.0. Podrían haber llegado más alto. Nunca le voy a perdonar a Ryan Murphy que Kurt no haya cantado Vogue, que no le haya dado una canción decente de Madonna en el episodio homenaje (Cantó I'll remember -buena pero no suficiente- en Goodbye, y Lucky Star con Pamela Lansbury, pero no era un solo ) y tampoco tuvo un solo de una canción de Britney. Tan sólo imaginar a Kurt en un leotard rojo cantando Oops!...I Did It Again, o haciendo una performance de Lucky, (You drive me) Crazy, Hold it Against Me, o Till the World Ends es la gloria. Ni hablar si cantara Holiday, Human Nature, Music o Hung Up. Y no me vengan con que Murphy quiso evitar un lugar común, ¡por favor! Porque sabemos que un Kurt bien escrito puede divertirse con eso, desafiarlo y reinventarlo. Recuérdenlo enfrentando a los bullies con su traje de Lady Gaga.



Fueron excelentes tanto en la trama como en la música y las performances: Dance With Somebody, en homenaje a Whitney Houston, y Michael, donde no entiendo cómo Kurt no cantó Remember The TimeDon't Stop 'Til You Get Enough. Sí, admito que soy muy fan de Kurt, pero es cierto que no siempre ligó las canciones que merecía.

Otro gran momento fue cuando Santana, que parecía la más come-hombres de todas, le confiesa a Brittany que está enamorada de ella (Duets). Te parte el corazón, rogándole que deje a Artie. También es súper interesante todo su trayecto hasta asumirse como lesbiana (su chantaje a Karofsky para convertirlo en su beard en Born This Way es lo más), y sus idas y venidas con la rubia.


Amé las canciones originales, me pareció una gran apuesta y fue genial que los personajes hicieran varios intentos fallidos antes de llegar a canciones aceptables y buenas, con una poética adolescente acorde a los personajes. A mi parecer, las mejores son las que usaron en las competenciasGet It Right, Loser Like Me, Pretending y Light Up The World. Pero también fueron divertidas: Hell to the No y la bizarra My Cup. En la última temporada, Rise fue excelente, pero estuvo opacada en el horrible The Rise and Fall of Sue Sylvester. This Time fue sublime, ideal para el último capítulo, y todavía me hace llorar. Qué genio Darren Criss.

El problema más grande para el show fue reinventarse después del fallecimiento de Cory Monteith. El episodio homenaje, y otras escenas en las que lo recordaron, fueron destacables y muy bien traradas. Creo que los guionistas lo manejaron muy bien, respetando a los personajes, a los fans, a la historia y lo más importante: a los seres humanos detrás de la serie. Es para resaltar el esfuerzo que hacían los actores para llevar a cabo esas escenas.

La temporada cinco nos mostró en Rachel que estaba bien confundirse y cambiar de sueño, y que a pesar de los casting fallidos, la competencia y el esfuerzo, podía llegar el éxito como en The Rachel Berry Project, que cerró optimista y triunfal (en una temporada que no lo fue tanto) con la canción Pompeii de Bastille.



       

Lo interesante fue ver la contracara al comienzo de la Sexta Temporada: el fracaso. Todo artista, toda persona en realidad, encuentra altibajos en su profesión (y en la vida, sorry guys), y hay que atravesarlos. Pero en este caso, mientras Rachel camina por los estudios donde desarman los decorados y llora, está simbolizando el fracaso en raitings de Glee, y que el programa se termina. Y presagia que eso mismo sucederá con las escenografías del show. Como contaron los actores en entrevistas, Glee terminó y ya estaban desarmando el salón del coro y los otros espacios que ahora los personajes sólo transitarán en la ficción y en nuestros recuerdos :(


De la última temporada no puedo olvidar el casamiento de Britanna Klaine, un homenaje a los fans y los fanfictions, una especie de manotazo de ahogado para querer demostrar que algo escuchaban las quejas de los gleeks. Sin embargo fue un buen capítulo, más que nada porque vimos a nuestros personajes acercándose al final feliz.


Y en el coro Glee, por fin dieron con personajes interesantes: Roderick, Jane y los mellizos (que no lo son en la vida real) Madison y Mason McCarthy. Tenían potencial para historias interesantes, hubieran funcionado mejor que Marley y Cia., pero bueno, ya estábamos en el final. Tal vez fueron interesantes justamente porque los vimos poco y los guionistas no llegaron a quemarlos pero les tenía fe. No voy a hablar de Spencer y su novio elfo porque me parecieron de lo más insulso, tal vez porque no los conocimos tanto.


Tampoco quiero a hablar de Child Star: basura. Sólo sirvió para desarrollar un poco a los nuevos newbies. ¡Me encantó el chiste recurrente con los Warblers! Era medio un lugar común, pero levantaba una sonrisa en medio de la caída de la serie.

Glee construyó un discurso que daba voz y legitimaba a varias minorías, algunas veces lo hizo mejor que otras, pero lo cierto es que abordó temas no tan fáciles en series para adolescentes: la homosexualidad, la bisexualidad, la transexualidad, incluso el ser gay trans (el caso de Sheldon Beiste), con una perspectiva diferente, más humana que en otras series, y quiéranlo o no, impulsó la aceptación de los distintos colores de la comunidad LGBT, más allá de que el contexto histórico y político era dentro de todo favorable. Pero lo cierto es que sin Glee habría menos personajes LGBT en la televisión, y serían retratados con más sombras.

Fue genial volver a 2009, y saber cómo se conocieron los personajes principales. El diálogo entre Kurt y una Rachel obsesionada con su futuro de actriz, la competencia entre ella y Mercedes, la relación entre Artie y Tina (¿ya eran novios en los primeros capítulos?) y las dudas de Will Schuester (alias old Justin Timberlake). Excelente el homenaje a Cory/Finn, y cómo lograron introducirlo en la historia. La votación en el salón de coro, donde relatan las virtudes del personaje me hizo llorar, y el cierre con la performance original de Don't Stop Bellieving fue pura nostalgia y amor.



Dreams Come True es todo lo que promete el título. Rachel gestando el hijo de Klaine, casada con Jesse St. James, egresada de NYADA y ganando un Globo de Oro. Jesse ya redimido, y lejos de los huevazos que le lanzó en Funk, es todo un dulce de leche y quien quizás más tiene que ver con Rachel (después de Finn, por supuesto, pero eso no pudo ser).
Tina y Artie se ven bien :) ¿Y Sam sigue mensajeando a Mercedes? Nos dejaron una esperanza, para los que quieran imaginar más.
Sólo me queda decir que la canción I Lived de One Republic era todo lo que Glee necesitaba para su final, en su música y en su letra.

Hope when the moment comes, you'll say...
I, I did it all
I, I did it all
I owned every second that this world could give
I saw so many places, the things that I did
With every broken bone, I swear I lived





¿Qué les pareció el final? ¿Qué fue lo que más y lo que menos les gustó de la serie?
Espero sus comentarios :)

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